El Paraninfo guarda 30.000 obras antiguas: códices, incunables y expedientes de Cajal
La Biblioteca General Histórica conserva en el Paraninfo cerca de 30.000 ejemplares anteriores a 1850, entre ellos el primer libro impreso en Zaragoza.

El edificio del Paraninfo, en pleno Centro de Zaragoza, no solo acoge actos solemnes de la Universidad. Bajo sus salones y en depósitos climatizados se custodia una de las mayores colecciones bibliográficas de Aragón: cerca de 30.000 obras anteriores a 1850, manuscritos medievales, incunables y los expedientes académicos de nombres como Santiago Ramón y Cajal, María Moliner o Manuel Azaña. Así lo detalla un reportaje publicado por Aragón Digital con testimonios de las responsables de la Biblioteca General Histórica y del Archivo Universitario.
Un edificio con memoria propia
El Paraninfo se inauguró en 1893 como sede de las Facultades de Medicina y Ciencias, función que mantuvo hasta que Medicina se trasladó al campus de San Francisco en los años setenta. Es el único inmueble de la Universidad de Zaragoza declarado Bien de Interés Cultural. Su rehabilitación integral, concluida en 2008, permitió acondicionar los espacios para la conservación documental.
Esa conservación exige un control ambiental permanente. Según explica Cruz Joven, directora de la Biblioteca General Histórica, la temperatura se mantiene por debajo de los 23 grados y la humedad relativa no supera el 55%. "El grueso del depósito es un fondo patrimonial de larga preservación", señala.
El origen de la colección se remonta varios siglos atrás: parte de los fondos procede de la antigua Universidad de la Magdalena y, tras sucesivos traslados, acabó integrada en las dependencias actuales.
Lo que hubo bajo el edificio
Los espacios subterráneos del Paraninfo albergaron durante décadas la Escuela de Artes y Oficios, donde dio clase el arquitecto Ricardo Magdalena, autor del propio edificio. De aquella etapa quedan imágenes recogidas en la publicación El Paraninfo de Zaragoza, 125 años: las fotografías de los hermanos Villuendas Torres, custodiada por la Biblioteca Histórica. Algunas fueron tomadas desde el torreón, donde llegaron a funcionar instalaciones de observación meteorológica y astronómica.
A esa documentación se suma un volumen singular: el libro que Magdalena encargó al arquitecto Enrique María Repullés y Vargas para dejar constancia de la construcción del edificio. Se publicó en 1894, un año después de la inauguración, y hoy puede consultarse en el repositorio institucional Zaguán.
Las piezas más valiosas
Entre los tesoros del fondo destaca el Cartulario de San Juan de la Peña, también conocido como Libro gótico: un códice formado por materiales de distintas épocas, entre los siglos XI y XV, que recoge documentación sobre las propiedades y derechos del monasterio oscense. Está considerado uno de los manuscritos más antiguos que conserva la Universidad.
El impreso más antiguo del fondo es un ejemplar en vitela de la Summa Theologica, salido de las prensas de Maguncia en 1467 y obra de Petrus Schoeffer, colaborador de Gutenberg y pionero de la imprenta europea.
Pero la pieza con más valor para la historia local es el Manipulus curatorum, de Guido de Monte Rocherio, impreso en Zaragoza por Mateo Flandro. Se considera el primer libro conocido salido de una imprenta zaragozana y el primer impreso en España que conserva un colofón completo con impresor, lugar y fecha. Gracias a ese dato se sabe que se terminó el 15 de octubre de 1475. Nació como manual práctico para párrocos y confesores, pero hoy es sobre todo un testimonio del arranque de la tipografía en la Península.
Expedientes y acuerdos del Claustro
Junto a manuscritos e incunables, el Archivo Universitario guarda una amplia documentación administrativa que permite reconstruir la trayectoria de la institución: los Libros de Gestis, con los acuerdos del Claustro, matrículas y expedientes académicos de generaciones de estudiantes y profesores. Entre ellos figuran los de Ramón y Cajal, María Moliner y Manuel Azaña, según detalla Ana Gascón, directora del Archivo Universitario.
Buena parte de ese material ya está digitalizado y es accesible a través del catálogo del Archivo, de modo que documentos reservados durante siglos a especialistas pueden consultarse hoy desde cualquier ordenador. La ciudad tiene otros ejemplos de patrimonio recuperado para el gran público, como el arrabal islámico hallado bajo el Paseo de la Independencia.
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Elaborado a partir de información publicada por Aragón Digital · Fuente primaria: documento original