Hace 25 años Zaragoza y Mostar firmaron un pacto cultural tras la guerra
El 19 de octubre de 2001 los alcaldes de Zaragoza y Mostar firmaron un convenio de cultura, educación y deporte para consolidar la paz tras la guerra de Bosnia.

El 19 de octubre de 2001 Zaragoza y la ciudad bosnia de Mostar sellaron un acuerdo de colaboración cultural con un objetivo que iba más allá del papel: convertir la solidaridad que la capital aragonesa había volcado en los refugiados de la guerra de Bosnia en una relación estable y duradera. Lo recuerda Aragón Digital en su sección de efemérides, que rescata la noticia original publicada hace 25 años.
Quién firmó y qué se comprometieron a hacer
El convenio lo rubricaron los entonces alcaldes de ambas ciudades, José Atarés y Neven Tomic, acompañados por el director de UNESCO Aragón, Manuel Ramírez. "Hoy hemos formalizado la amistad entre ambas ciudades", señaló el regidor bosnio durante el acto, en el que agradeció de forma expresa el apoyo que Zaragoza y España habían dado a los refugiados bosnios en los años previos.
El texto articulaba la relación en tres terrenos: cultura, educación y deporte. Entre las primeras iniciativas previstas figuraban la llegada a Zaragoza de exposiciones de pintura y escultura de artistas bosnios y la presencia de grupos de Mostar en el Festival Folclórico previsto para septiembre de 2002.
En sentido contrario, la ciudad aragonesa asumía llevar actuaciones de su ballet a Bosnia, impulsar intercambios de estudiantes, crear allí una biblioteca con fondos en español y enviar profesorado para enseñar el idioma y las costumbres españolas. Era, en la práctica, un programa de cooperación cultural con calendario y contenidos concretos, no una simple declaración de hermanamiento.
Una ciudad ya implicada en los Balcanes
Atarés recordó aquel día que Zaragoza no partía de cero en la reconstrucción de los Balcanes. A través de organizaciones como el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL) se habían puesto en marcha 17 proyectos con una inversión superior a los 300 millones de pesetas, una cifra que da la medida del esfuerzo desplegado desde la ciudad durante la década de los noventa.
El mensaje central de la jornada fue la paz entendida como tarea cotidiana. "La paz no es algo que nos cae desde el cielo, hay que construirla día a día", defendió Manuel Ramírez. En esa misma dirección trabajaba entonces el Ayuntamiento de Zaragoza, que buscaba tejer una red de ciudades europeas comprometidas con una paz duradera y ya había tanteado a municipios de Francia, Alemania y Suecia.
Un cuadro del puente como símbolo
El gesto más recordado del acto llegó al final: el alcalde de Mostar entregó a su homólogo zaragozano un cuadro del antiguo puente de la ciudad bosnia, destruido durante el conflicto y por entonces en plena reconstrucción. Aquella pasarela sobre el Neretva se había convertido en el emblema mundial de lo que la guerra había roto y de lo que la posguerra intentaba recomponer.
Visto con la perspectiva de un cuarto de siglo, el acuerdo encaja en una etapa en la que la política municipal zaragozana situó la cooperación internacional y la cultura como herramientas de relación exterior. La apuesta por intercambios de estudiantes, exposiciones y participación en festivales anticipaba un modelo de diplomacia de ciudades que después se ha generalizado en Europa.
La efeméride también sirve para medir el peso que la ciudad dio en aquellos años a la acogida de personas refugiadas, un capítulo que hoy forma parte de la memoria reciente de Zaragoza y que entonces se tradujo en proyectos sobre el terreno. Puedes seguir otras efemérides zaragozanas de 2001 y repasar episodios del pasado reciente del centro de la ciudad.
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Elaborado a partir de información publicada por Aragón Digital · Fuente primaria: documento original