El libro póstumo de Labordeta que caricaturizaba a sus amigos cumple 15 años
En octubre de 2011 llegaba a las librerías 'Mercado Central', el último libro de José Antonio Labordeta, con retratos humorísticos de sus amigos.

Hace quince años, las librerías de Zaragoza recibían la última obra inédita de José Antonio Labordeta. Se titulaba Mercado Central y era un libro póstumo en el que el escritor, cantautor y político aragonés retrataba con humor socarrón a algunos de sus amigos más cercanos. Así lo recordaba estos días Aragón Digital en su sección de efemérides, recuperando la noticia que publicó el 30 de octubre de 2011.
Retratos caricaturizados desde el cariño
El volumen, editado por el sello aragonés Xordica, reunía una colección de semblanzas breves en las que Labordeta deformaba a conciencia a sus protagonistas. Ironía, ternura y situaciones disparatadas se mezclaban en unas páginas que no pretendían ser biografía ni homenaje solemne, sino una galería de amistades contadas a su manera.
Por el libro desfilaban nombres muy ligados a la cultura aragonesa: Luis Alegre, Javier Tomeo, Félix Romeo, Luis García Abrines o Emilio Gastón. A cada uno le reservaba una escena difícil de olvidar. A Luis Alegre lo situaba besándose con Penélope Cruz en la plaza de Malasaña. A Javier Tomeo lo hacía recibir en su pueblo natal por una banda de música al completo.
El caso de Félix Romeo, fallecido poco antes de que el libro llegara a las librerías, era de los más expresivos: Labordeta lo imaginaba convertido en huracán o en tsunami, una fuerza de la naturaleza capaz de arrasar con todos los malos libros que se le pusieran por delante.
El repaso continuaba con su hermano Miguel, al que describía llegando siempre tarde al fútbol; con Luis García Abrines repartiendo bendiciones por las calles de París disfrazado de obispo; o con Emilio Gastón quemando sin querer las bragas tendidas de sus vecinas.
El humor como forma de amistad
Desde la editorial explicaban entonces que aquellas semblanzas estaban escritas desde el cariño y la admiración. Bajo lo grotesco y lo esperpéntico latía una ternura que, según Xordica, definía la manera que tenía Labordeta de entender la amistad: reírse de los suyos era también una forma de quererlos.
El libro mostraba así una faceta menos conocida del autor, lejos del Labordeta de las canciones y de los escaños, y más cerca del lector voraz y del conversador de tertulia. La pasión por la literatura y por la gente que había compartido su vida recorría todo el volumen.
Una obra que llegó después de su muerte
Labordeta había fallecido en septiembre de 2010, de modo que Mercado Central apareció cuando ya no estaba para presentarlo. Eso convirtió su publicación en un acontecimiento con doble lectura: por un lado, el descubrimiento de un texto nuevo; por otro, la constatación de que era el último.
Quince años después, el libro sigue siendo una de las puertas de entrada más amables a la figura del autor, uno de los nombres que más han marcado la memoria cultural de Zaragoza y de Aragón. Si te interesa seguir tirando del hilo de la memoria de la ciudad, también puedes leer siete historias del cementerio de Torrero que explican buena parte de su pasado.
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