500 euros por 16 metros: así es el nuevo alojamiento joven en Zaragoza
Zaragoza suma más de 1.100 plazas en residencias para jóvenes, pero los precios arrancan en los 400-500 euros y llegan a superar los 1.000.

Zaragoza ha ganado en pocos meses más de un millar de plazas de alojamiento para estudiantes y menores de 30 años, pero la palabra asequible se tambalea cuando se miran las tarifas. El caso más llamativo es el de Aloha Pirineos, levantado sobre suelo público y concebido como alternativa residencial barata, cuyo precio de salida ronda los 500 euros al mes por una habitación individual de 16,5 metros cuadrados. Lo cuenta elDiario.es Aragón en un reportaje sobre el nuevo mapa del alojamiento juvenil en la ciudad.
De 400 a 500 euros antes de abrir
El proyecto fue adjudicado en 2021 con una referencia cercana a los 400 euros mensuales. Cinco años después, y con la apertura prevista para finales de 2026, los responsables del complejo sitúan el precio de partida en torno a los 500 euros y justifican la diferencia en la evolución de los costes. La cifra aún no es definitiva.
A cambio de esa cantidad, el residente accede a un paquete de servicios: lavandería, comedor, gimnasio, salas multiusos, cine, espacio de coworking y una terraza con vistas al Ebro y a la basílica del Pilar, además de limpieza y cambio de ropa de cama. Es el modelo de coliving, donde la habitación deja de ser solo un sitio para dormir y el precio se calcula por todo lo que la rodea.
La particularidad de Aloha es su origen: la iniciativa partió del Gobierno de Aragón para crear alojamiento para menores de 30 años, la Administración conserva la titularidad del suelo y la explotación corre a cargo de la empresa adjudicataria. Esa condición es la que alimenta el debate sobre qué significa exactamente "asequible" cuando el suelo es público.
Más de 1.100 plazas nuevas
El reportaje repasa el resto de la oferta que ha aterrizado en la ciudad. La mayor es Bravo! Actur, con 676 camas y una inversión en torno a los 40 millones de euros: sus habitaciones arrancan sobre los 520 euros en las modalidades más baratas y llegan a unos 650 en las individuales, sin determinados servicios de manutención. Incluye piscina exterior, pista de pádel, gimnasio, restaurante y salas de estudio.
A esa lista se suman otros operadores:
- Odalys Campus: 180 estudios individuales con cocina y baño propios, entre 700 y 1.200 euros al mes.
- Be Live, en el antiguo colegio Virgen Reina, en el centro: 77 habitaciones desde 850 euros.
- Kadora: 205 habitaciones de 672 a 1.035 euros, con ocupación del 100% los dos últimos cursos.
- Xior: 377 plazas, con algunas habitaciones desde unos 405 euros según tipo y servicios.
Qué dicen los estudiantes
Dos estudiantes de la rama científica consultados por el medio resumen la contradicción. "La residencia está muy bien porque tienes todo incluido y no tienes que preocuparte de buscar piso, pero pagar 600 o 700 euros todos los meses no es algo que pueda pagar cualquier estudiante", señala Laura. Luis apunta al día después de la carrera: "En algunas residencias podemos quedarnos hasta los 30 años, pero, en el caso de no querer estar aquí y buscar más independencia, tampoco podemos ir a un piso porque es inasumible".
Ambos coinciden en que el sueldo no acompaña. "Todos acabamos pidiendo ayuda a nuestros padres, pero no todos los padres pueden ayudar a sus hijos", añade ella.
Más camas no es más acceso
Los colectivos universitarios llevan meses señalando lo mismo: ampliar el número de plazas no garantiza que crezca el número de jóvenes que pueden pagarlas. En una protesta al inicio de curso reclamaron más oferta pública y denunciaron que las ayudas al alojamiento resultan "insuficientes" frente a los precios actuales.
El telón de fondo es el del alquiler convencional, convertido en el principal obstáculo para emanciparse. En Zaragoza, la presión sobre la vivienda ha llevado al Sindicato de Inquilinas a acampar en la plaza de España, mientras las administraciones recurren a medidas de urgencia como los decretos que prorrogan miles de alquileres. Las residencias resuelven problemas reales —no hay que buscar compañeros, contratar suministros ni amueblar nada—, pero esa comodidad tiene un precio que, para buena parte de sus destinatarios, sigue quedando lejos.
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Elaborado a partir de información publicada por elDiario.es Aragón · Fuente primaria: documento original